El mundo olía a ceniza y desesperanza.
Seraphina estaba de rodillas en los escombros de la fuente, con el agua teñida de rosa empapando su vestido de novia destrozado.
Frente a ella, Ronan era una montaña de pelaje oscuro y dolor, su respiración convertida en un silbido húmedo y agónico. El golpe de la Sombra le había roto las costillas, tal vez perforado un pulmón. El Alpha invencible estaba roto.
Y sobre ellos, Gabriel se cernía como un eclipse.
—Es poético —dijo el recipiente, su voz resona