El amanecer llegó con una brutalidad fría y gris, disolviendo la magia salvaje de la noche.
Seraphina estaba temblando. La transición de vuelta a su forma humana no había sido la agonía de huesos rotos de la transformación inicial, pero la había dejado expuesta, vulnerable y desnuda sobre la tierra húmeda del bosque. El frío de la mañana le mordía la piel, pero más cortante era el recuerdo de los lobos de la patrulla gruñéndole, rechazándola.
Una sombra cálida cayó sobre ella.
Ronan. Ya estab