La noche cayó sobre la finca Thorsten no como una manta, sino como una jaula.
Seraphina estaba de pie junto al ventanal del dormitorio, su cuerpo vibrando con una energía cinética que hacía que sus dientes castañetearan. Afuera, la luna llena se alzaba sobre la línea de árboles, un ojo blanco y ciego que la llamaba. No era una llamada poética. Era una orden biológica, un tirón en sus entrañas tan violento que sentía náuseas.
—Va a doler —dijo Ronan detrás de ella.
Él estaba preparándose. Se hab