La puerta se cerró, y con ella, el oxígeno de la habitación pareció evaporarse.
Ronan no se había ido por voluntad propia. Había sido una extracción forzosa, una marea de obligaciones militares y órdenes rugidas por su padre que lo habían arrastrado fuera de la órbita de Seraphina. Su última mirada, un destello de oro torturado antes de que la madera de roble bloqueara su visión, había sido una promesa muda. Volveré.
Pero Lord Marcus había sido claro.
«Elige. Tu manada o la humana»
Seraphina se quedó de pie en medio de la inmensa habitación, temblando no de frío, sino de una certeza helada. Iban a matarla. Al amanecer, sería un cadáver en el bosque o un juguete roto en manos de Gabriel.
El miedo, agudo y visceral, le arañó la garganta. Pero no era miedo por su propia piel.
—Hunter —susurró al vacío.
Si ella moría, el "pago" se cancelaba. Si ella era entregada a Gabriel, Hunter sería desechado. Ronan estaría ocupado en una guerra, Isabelle se aseguraría de que nadie recordara al niño