La puerta se cerró, y con ella, el oxígeno de la habitación pareció evaporarse.
Ronan no se había ido por voluntad propia. Había sido una extracción forzosa, una marea de obligaciones militares y órdenes rugidas por su padre que lo habían arrastrado fuera de la órbita de Seraphina. Su última mirada, un destello de oro torturado antes de que la madera de roble bloqueara su visión, había sido una promesa muda. Volveré.
Pero Lord Marcus había sido claro.
«Elige. Tu manada o la humana»
Seraphina s