Ronan abrió la puerta.
No fue una invitación. Fue la retirada de una barricada.
En el umbral no había monstruos, ni bestias con colmillos desnudos. Había un hombre. Un hombre anciano, vestido con un traje gris de corte impecable que costaba más que la vida entera de Seraphina. Su cabello era plateado, peinado hacia atrás con una severidad militar, y su postura era una columna de hierro.
Lord Marcus Thorsten. El padre del Alpha.
Seraphina sintió que el aire de la habitación bajaba diez grados. S