El balbuceo resonó de nuevo, rebotando contra las paredes de piedra húmeda.
Era la risa suave e inconfundible de Adham. Su bebé. Estaba ahí afuera, perdido en la inmensidad de la tormenta, llamando a su madre desde las sombras.
El instinto maternal golpeó a Seraphina con una fuerza ciega y ensordecedora. La lógica se evaporó de su mente en una fracción de segundo.
Se deslizó fuera del refugio de los brazos de Ronan con una agilidad fantasmal, impulsada por una desesperación pura que le adormeci