El instinto es un maestro cruel y primitivo. No necesita palabras para advertir que el peligro está respirando tu mismo aire.
La mirada de Käel no dejó a Seraphina, siguió clavada en su espalda. No era una simple observación, sino un escrutinio denso y molesto, que le arrastró un escalofrío por la columna vertebral.
Ronan se detuvo en seco al sentir la mano de Seraphina aferrarse a su brazo. No necesitaba darse la vuelta para saber qué estaba pasando. Sus sentidos de depredador ya habían captad