El aullido de Ronan se extinguió, pero el eco de su dolor pareció quedarse atrapado en las vigas del granero, vibrando en el aire frío.
Arrodillado sobre la tierra, con el puño cerrado alrededor de la corteza de árbol que contenía la traición de Hunter, el Alfa parecía haberse encogido.
La inmensa figura de poder y autoridad se había desmoronado bajo el peso de una culpa insoportable.
—Voy a buscarlo —dijo Ronan de repente. Su voz no era un grito, sino un susurro ronco y aterrador—. Voy a ent