—Acepto.
La palabra de Seraphina cayó con la contundencia de una guillotina.
En ese momento, el frío invernal fué aplacado por la rabia que emanaba Ronan, un fuego quemando su piel.
—¡¿Has perdido la cabeza, Seraphina?!
En un instante, sus manos inmensas se cerraron sobre los brazos de ella. No para lastimarla, sino con una desesperación pura que le quemaba las venas.
—No vas a hacer esto —sentenció con su voz de Alpha—. Te lo prohíbo.
Seraphina no retrocedió. Sus ojos dorados, aún ardiendo co