La oscuridad no trajo silencio. Trajo caos.
En el instante en que las luces murieron, el sonido exterior se amplificó. No eran aullidos de lobos, era el sonido de cientos de cuerpos golpeando contra la piedra, garras rasgando la madera de las ventanas selladas y el chillido agudo de metal contra metal. La mansión estaba siendo devorada desde fuera.
Pero en el centro de la sala fortificada, el mundo de Seraphina se reducía a un solo punto de dolor insoportable.
—¡Ahhh! —el grito se le desgarró d