Mundo ficciónIniciar sesiónRedsy entra al nuevo club nocturno que acaba de comprar, el entra usando una gabardina oscura para fingir que es otro cliente y de ese modo saber el estado del lugar, cuando de pronto no puede creer lo que ve, su esposa estaba ahí bailando en uno de esos tubos usando una lencería sexy color purpura. Rápidamente molesto se dirige hasta donde esta ella. Mientras ella recogía del suelo el poco dinero que le habían lanzado por el baile que hizo, alguien la toma de la mano. —¿Qué haces aquí? —Dijo Redsy molesto al verla ahí, usando esa lencería y enseñando su cuerpo casi desnudo a todos esos hombres. —Suéltame —dijo ella molesta y confundida pues nunca lo había visto—. Si quieres tocarme pide un cuarto privado después del show —dijo ella liberándose de el para continuar recogiendo el dinero del suelo. Redsy al escuchar eso molesto la baja de ahí para después cubrirla con su gabardina oscura.
Leer másDías atrás, cuando Redsy se fue dejando a su asistente personal llamada Angela, ella intentó disfrutar de sus vacaciones. Sin embargo, no pudo hacerlo: descubrió algo que la asustó.Después de terminar la última tarea que le había encomendado Redsy, Angela, sin saber qué hacer con el tiempo libre, decidió dirigirse a un resort con spa. Quería quedarse unos días allí y pensar qué hacer durante esos dos meses de descanso.—Buenos días, señorita Angela —dijo la recepcionista, emocionada de verla. Su presencia significaba que Redsy podría visitar el lugar, una oportunidad que no podía desaprovechar. Quería saber algo relacionado con la gran búsqueda o selección.La noticia de que Redsy se había divorciado de Delta se había esparcido entre todas las súcubos a través del sistema de mensajería diseñado solo para súcubos. Eso significaba que Redsy estaba disponible y, si tenían suerte, quizá volvería a llamar a todas las súcubos para elegir a una nueva esposa.—Buenos días —respondió Angela,
Después de unirse a sus otros yo, Redsy miró a Carolina con una sonrisa.—Buenas noticias, Carolina. Voy a concederte tu deseo. El club es todo tuyo —dijo, dejando un llavero con muchas llaves sobre la mesa—. Pero solo te pediré tres cosas.—Primero, quiero que hagas firmar estos contratos a todas las chicas del club —dijo, colocando un montón de hojas sobre la mesa.—Segundo, olvida todo lo que sabes de Ariadna y Yesica. Pase lo que pase, no digas nada sobre sus pasados.—Tercero, no despidas a mis chicas. O mejor dicho… no despidas a mis súcubos. Puedes castigarlas, gritarles, regañarlas… pero no despedirlas.—¿Aceptas? —preguntó Redsy, mirándola fijamente.—Claro que sí —respondió Carolina, tomando las llaves con entusiasmo.—Bien. En ese caso, nos vemos al mediodía para que conozcas a mis chicas —dijo Redsy, abriendo un portal y desapareciendo.Carolina dejó de pensar en todo lo demás. Estaba feliz. Por fin… el club era suyo.Redsy apareció en su portal personal del tesoro. En med
Redsy apareció en el nuevo club. Según el informe que Carolina le había enviado esa mañana, todo estaba listo: las reparaciones y remodelaciones de los edificios alrededor del club habían terminado. Aunque estaban vacíos, solo faltaba llenarlos con cocinas, catres, roperos, muebles nuevos… todo lo necesario para sus chicas.—Esos vampiros y duendes sí que trabajaron rápido. Les daré un bono en sus cheques —dijo Redsy, sonriendo mientras se dirigía al bar para celebrar su compromiso.Pero se sorprendió al ver a Carolina allí.Carolina lo miraba con los ojos abiertos. Dejó caer la copa que tenía en la mano: había visto cómo algo oscuro apareció de la nada… y luego Redsy salió de ahí.—Lo sabía. Mi intuición no me engañaba. Hay algo extraño en ti —dijo Carolina, molesta, señalándolo con el dedo.—Ya veo. A pesar de que te dije que volvieras a tu casa, decidiste quedarte a tomar unos tragos. Bueno… creo que esto facilita las cosas —dijo Redsy, sonriendo mientras se acercaba. Había leído s
Ariadna despertó en su cuarto. Una voz familiar la hizo girar la cabeza. A su lado, Natacha estaba sentada sobre Yesica, quien le ayudaba a leer un cuento, pues había faltado como 1 año a clases.—¿Natacha? —murmuró Ariadna, confundida y sorprendida.—¡Hermanaaa! —exclamó Natacha, saltando de Yesica para abrazarla con fuerza a Ariadna.—¿De verdad eres tú? —preguntó Ariadna, incapaz de creerlo. La última vez que la vio, Natacha estaba delgada, pálida, sin cabello… pero ahora irradiaba salud, como si nunca hubiera estado enferma.—Sí, soy yo —respondió Natacha con una sonrisa radiante.Ariadna la abrazó con fuerza, llorando de felicidad. Pero entonces, Natacha dejó de sonreír.—Lo siento mucho… perdón —susurró, llorando mientras se aferraba a su hermana.—No tienes por qué llorar, pequeña. Ya te dije que no fue tu culpa —intervino Redsy.—¿Redsy? ¿Desde cuándo estás aquí? —preguntó Ariadna, sorprendida. No lo había notado; toda su atención estaba en Natacha.—Natacha, ¿quieres ver algo










Último capítulo