Finalmente llegó el fin de semana. Marta había pasado la noche sin pegar ojo, atrapada entre la emoción y el miedo. Había esperado ese momento con ansiedad, pero ahora que estaba por ocurrir, el miedo la invadía.
La puerta se abrió de pronto y Laura entró ansiosa.
—¿Estás lista? —Le preguntó a su amiga.
—Sí, —contestó con voz trémula.
—Me encantaría ir con ustedes, pero sería un riesgo ir que luego no me dejen entrar.
Marta se mantuvo en silencio.
—Por cierto, cuándo viene María.
—