Aquel beso fue breve, Marta apartó el rostro, ruborizada ante las miradas y aplausos que uno a uno se fueron sumando en ese momento.
Marcos sonrió levemente.
—Continuemos —ordenó la instructora.
Marta inhaló tratando de recuperar el control de su cuerpo y de calmarse.
La mañana avanzó con rapidez, como si ambos desearan que pronto terminara aquella tortura. Aunque continuaron enfocados en las actividades y ejercicios, sus cuerpos ardían de deseo.
—Tomaremos un descanso de dos horas. En ese