Un año exacto después de aquella mañana dorada en que Isabella y Ethan se fueron tomados de la mano, la mansión Blackwood amaneció cubierta por una fina capa de rocío que parecía plata líquida. Sophia fue la primera en despertar. Se puso una bata ligera y caminó descalza hasta el invernadero, como había hecho cada noche desde el funeral.
Las luces ya estaban encendidas. Siempre lo estaban en la madrugada del aniversario.
Se detuvo frente al rosal más antiguo, el que Ethan había plantado el día