Rafael Voss no volvió al invernadero durante casi un mes.
Ese tiempo se sintió eterno para Sophia Isabella. Cada noche bajaba puntualmente a las once y diez, se sentaba en el mismo banco y esperaba. Algunas noches se quedaba hasta las tres de la madrugada. Su madre, Isabella Rose, la encontraba dormida en el banco con una rosa negra apretada contra el pecho y la llevaba en brazos de vuelta a su habitación sin decir una palabra.
La marca sobre el corazón de Sophia Isabella se había vuelto más os