La pequeña Isabella guardó la rosa blanca dentro de un libro antiguo que encontró en la biblioteca. Cada noche, antes de dormir, la sacaba y la ponía bajo su almohada. Decía que así soñaba con ellos.
A los diez años ya leía sola el manuscrito. Se saltaba las partes románticas y se detenía en las peleas, en los momentos en que Isabella Morgan quiso matar a Ethan y en los que él la tuvo prisionera. Leía todo eso con los ojos muy abiertos, sin miedo.
Una tarde de verano, mientras su madre descansa