Setenta años después
La mansión Blackwood estaba envuelta en un silencio profundo y sagrado.
Era una tarde de invierno. La nieve caía suavemente sobre los jardines, cubriendo todo con un manto blanco y puro. Isabella, de ciento diecinueve años, estaba acostada en la misma cama grande que había compartido con Ethan durante más de seis décadas. Su cuerpo era extremadamente frágil, su respiración lenta y entrecortada, pero sus ojos verdes seguían conservando un último destello de la mujer fuerte y