Sesenta y ocho años después
La mansión Blackwood estaba envuelta en una paz profunda y silenciosa.
Era una tarde tranquila de invierno. La nieve caía suavemente sobre los jardines, cubriendo todo con un manto blanco. Isabella, de ciento quince años, estaba acostada en la misma cama grande que había compartido con Ethan durante más de seis décadas. Su cuerpo era frágil, su respiración lenta y entrecortada, pero sus ojos verdes seguían conservando un último destello de la mujer fuerte y valiente