Setenta y ocho años después
La mansión Blackwood estaba envuelta en un silencio sagrado.
Era una mañana de primavera. El sol entraba suavemente por las ventanas, iluminando la habitación principal con una luz cálida y dorada. Isabella, de ciento veinticinco años, estaba acostada en la misma cama que había compartido con Ethan durante más de siete décadas. Su cuerpo era extremadamente frágil, su respiración lenta y entrecortada, pero sus ojos verdes seguían conservando un último destello de la m