La villa en Italia era un sueño, pero los sueños a veces se convierten en espejismos. Había pasado una semana desde que llegamos a la Toscana, y aunque Marcus se esforzaba por ser el hombre perfecto, yo podía sentir la tensión en sus hombros cada vez que su teléfono vibraba en la mesa. Él creía que el pasado estaba enterrado con Enzo en el fondo del acantilado, pero yo sabía que las deudas de sangre nunca se cancelan; solo se traspasan.
Esa tarde, mientras Marcus estaba en una videollamada con