El agua estaba tan fría que sentí cómo mis pulmones se contraían, luchando por encontrar un ritmo que no existía. Pero la Gema, respondiendo a la amenaza de hipotermia, comenzó a irradiar un calor febril desde mi palma, creando una burbuja térmica que nos permitía movernos a través de las corrientes traicioneras. Marcus nadaba con una fuerza desesperada, sus dedos entrelazados con los míos, guiándonos hacia la escotilla de mantenimiento inferior del submarino, el único punto ciego en los sensor