La lluvia seguía cayendo, incesante, como si el cielo supiera que algo oscuro estaba por desatarse. Dentro del convento, las paredes de piedra parecían susurrar recuerdos antiguos, cargados de secretos que nunca debieron salir a la luz.
Luciana Caravaggio permanecía sentada en la pequeña sala donde Sor Teresa la había recibido con cortesía forzada. Había algo en esa mujer que descolocaba a todas: su presencia era demasiado elegante, demasiado firme, demasiado peligrosa.
Dante caminaba de un lad