La tarde estaba opaca, como si el cielo estuviera llorando en silencio por los eventos que se avecinaban. Elena caminaba por el convento, perdida en sus pensamientos. El peso de la situación se había incrementado en las últimas semanas. Los rumores de la llegada de Vittorio Caravaggio habían sido como una sombra creciente, oscureciendo cada rincón del lugar que alguna vez fue su refugio seguro.
De repente, una figura elegante apareció en la puerta del convento. Una mujer alta, de porte noble, c