Doscientos veinte años después de que Lucía rompiera el ciclo, el Jardín de las Diez Generaciones ya no era un secreto familiar. Era un faro mundial de sanación. La biblioteca Valeria Solís había sido declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad y cada año recibía a más de cien mil personas que buscaban paz, perdón y un nuevo comienzo.
Lucía Rivera Solís, de setenta y siete años, era la última guardiana de la línea directa. Sus ojos conservaban esa misma luz que había pasado de generación en g