Doscientos ochenta años después de que Lucía rompiera el ciclo, el Jardín de las Diez Generaciones se había convertido en un faro permanente de la humanidad. No era solo un lugar de sanación, sino un recordatorio vivo de que el perdón puede trascender generaciones, culturas y siglos. Rosas blancas florecían en más de ciento ochenta países, y la historia de “El Nombre Prohibido” se había transformado en una leyenda de esperanza.
Johanna Rivera Solís, de ochenta y seis años, caminaba con pasos mu