Trescientos años después de que Lucía rompiera el ciclo, el Jardín de las Diez Generaciones ya no era solo un lugar en la Tierra. Se había convertido en un concepto universal, un símbolo que trascendía fronteras, idiomas y creencias. Rosas blancas crecían en todos los continentes, en ciudades devastadas por la guerra, en comunidades que buscaban reconciliación y en hogares donde alguien necesitaba sanar.
Sofía Rivera Solís, de ochenta y cuatro años, caminaba con pasos lentos pero llenos de grac