Doscientos diez años después de que Lucía rompiera el ciclo, el Jardín de las Diez Generaciones ya no era solo un rincón familiar. Se había convertido en un santuario abierto al mundo. La biblioteca Valeria Solís recibía cada año a decenas de miles de visitantes. Terapeutas de trauma, escritores, sobrevivientes y familias enteras llegaban buscando lo que muchos llamaban “el milagro de las rosas blancas”.
Sofía Rivera Solís, de sesenta y dos años, era la actual guardiana. No llevaba el título co