La tormenta rugía afuera, pero dentro de aquella casa, el verdadero huracán se desataba entre dos almas destrozadas. Eliana tenía el corazón en la garganta mientras miraba a José Manuel frente a ella. Su presencia lo llenaba todo, y su mirada… Dios, su mirada estaba cargada de un odio que la desgarraba por dentro.
—Dímelo, Eliana. —Su voz era un filo de acero que cortó el aire—. ¿El hijo que perdiste era de tu amante?
Eliana sintió que el alma se le desplomaba dentro del cuerpo. Se tambaleó lev