El reloj marcaba la 1:37 a. m. José Manuel había salido de casa unas horas antes, dejando a Samuel dormido. No tenía intención de beber demasiado, pero necesitaba despejar su mente, acallar la tormenta de pensamientos que lo perseguía desde que Samuel le mencionó aquel bebé en el cielo.
Se había repetido una y otra vez que no debía pensar en eso, que no debía buscarla… pero al final, sus pasos lo llevaron a la casa de Eliana.
Se quedó un momento frente a la puerta, con el corazón golpeándole el