Eliana abrió los ojos de golpe, como si algo invisible y oscuro la hubiese sacado del sueño con violencia. Un sudor frío le recorría la espalda, y su corazón palpitaba tan rápido que le dolía el pecho. Se incorporó lentamente, mirando a su alrededor con los ojos aún adaptándose a la oscuridad de la habitación. José Manuel dormía a su lado, tranquilo, ajeno al torbellino que en ese instante se desataba dentro de ella.
—José… —susurró primero, intentando no sonar alarmada, pero la angustia la hiz