Eliana, con las manos temblorosas y el rostro desencajado por la desesperación, marcó el número de su padre mientras su corazón martillaba con fuerza contra su pecho. Caminaba de un lado a otro por la habitación, buscando una explicación, algo que pudiera darle sentido al vacío aterrador que se había instalado en su hogar. Cada rincón de la casa parecía susurrar la ausencia de Samuel. José Manuel no dejaba de mirar hacia la puerta, como si esperara que en cualquier momento el pequeño entrara co