Isaac entró nuevamente a la habitación con paso firme, después de recibir una llamada. Eliana estaba recostada en la cama, aún débil, con el rostro sereno pero sin fuerzas para incorporarse. José Manuel estaba sentado a su lado, sosteniéndole la mano. La tensión en el ambiente era palpable.
—Eliana —dijo Isaac con voz baja, pero clara—, tengo que irme. Me espera un compromiso muy importante y no puedo quedarme más tiempo.
Ella giró el rostro hacia él con lentitud. Asintió apenas con la cabeza,