Todo empieza y termina con él.
La casa estaba en silencio por primera vez en todo el día.
Amelia, la mamá de Amanda, dormía en su habitación y Noah, al menos por ahora, también.
Amanda estaba sentada en su cama, con el respaldo apoyado en la pared y el celular en la mano. Miraba la pantalla sin marcar, como si el simple hecho de presionar “llamar” fuera abrir una puerta que llevaba cuatro años clausurada a fuerza de orgullo.
No quería hablar con su