Adorable e irresistible.
El tacón de la sandalia de Amanda golpeaba el piso metálico del ascensor como si estuviera intentando negociar con la física.
Era un golpeteo nervioso, insistente, y a la vez totalmente inútil… pero ella necesitaba hacer algo con el exceso de energía que le trepaba por el cuerpo.
Subían demasiado lento, aunque el panel jurara que todo iba “normal”, y a Amanda le daban ganas de presionar el botón del último piso como si eso fuera a convencer a