Amanda se limpió las lágrimas antes de que terminaran de caer.
No quería que Noah la viera así, no porque llorar fuera un pecado, sino porque esa emoción no era de las que se desahogan y ya. Esa emoción venía con una consecuencia, con una frase que iba a cambiarles la vida a los dos.
Su hijo estaba emocionado por conocer a su padre.
Y ella iba a tener que sostener esa ilusión con cuidado, como se sostiene un vaso de v