No me digas que pare.

Los labios de Ethan impactaron contra los suyos sin delicadeza, con todas las ganas contenidas de la noche.

Amanda se quedó quieta un par de segundos por la sorpresa —como si su cuerpo necesitara ponerse de acuerdo con la realidad—, y luego lo correspondió con una urgencia que la delató.

El beso fue profundo, intenso, de esos que no piden permiso porque ya lo tienen. La lengua de él entró en su boca buscando la suya, y Amanda sintió esa guerra dulce que tanto les gustaba, esa pelea de contr
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