El receso no trajo tranquilidad.
Trajo preguntas.
Demasiadas.
La sala se vació poco a poco, pero el peso de lo ocurrido permaneció allí, suspendido sobre todos nosotros.
Como una tormenta que todavía no terminaba de descargar.
Los periodistas corrían por los pasillos.
Los teléfonos sonaban.
Los abogados hablaban en voz baja.
Y mientras todo aquello ocurría, yo seguía intentando procesar la expresión que había visto en el rostro de Ramiro.
Por primera vez.
Por primera vez en meses.
Había perdido