CAPITULO 138: 48 HORAS

Nunca imaginé que cuarenta y ocho horas pudieran parecer una eternidad.

Pero cuando el juez anunció que el tribunal concedía un plazo extraordinario para realizar el peritaje grafológico, comprendí que el tiempo podía convertirse en una forma de tortura.

Porque ya no dependía de nosotros.

No dependía de Ismael.

No dependía de Sebastián.

Ni siquiera dependía de Ramiro.

Todo quedaba en manos de un especialista que debía responder una sola pregunta.

Una respuesta que podría destruir una vida, o sa
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