El día del callback llega demasiado rápido.
Me despierto antes de que suene la alarma, con esa sensación en el pecho que mezcla nervios y esperanza. Me quedo mirando el techo unos segundos, recordándome que esto es real. Que no es un favor. Que nadie me está regalando nada.
—Hoy es tu día —me digo en voz baja.
En la cocina, Rubi ya está despierta. Tiene una taza de café en la mano y el cabello recogido de cualquier forma.
—No pude dormir —confiesa—. Estaba más nerviosa que tú.
Sonrío.