El día del callback llega demasiado rápido.
Me despierto antes de que suene la alarma, con esa sensación en el pecho que mezcla nervios y esperanza. Me quedo mirando el techo unos segundos, recordándome que esto es real. Que no es un favor. Que nadie me está regalando nada.
—Hoy es tu día —me digo en voz baja.
En la cocina, Rubi ya está despierta. Tiene una taza de café en la mano y el cabello recogido de cualquier forma.
—No pude dormir —confiesa—. Estaba más nerviosa que tú.
Sonrío.
—Gracias por la confianza.
Me siento frente a ella con el desayuno que apenas puedo probar.
—Vas a hacerlo bien —dice—. No porque alguien te ayudó, sino porque puedes.
Asiento, aunque por dentro todavía me tiemblan las dudas.
Me visto con algo sencillo pero que me hace sentir segura. Nada elegante, nada llamativo. Solo yo.
Antes de salir, Rubi me abraza fuerte.
—Pase lo que pase, ya llegaste más lejos de lo que imaginabas hace unos meses.
Eso me acompaña todo el camino.
El edif