Eva
Entro al edificio de la empresa con el mismo nudo en el estómago de siempre, pero hoy es distinto. No porque me sienta mejor, sino porque sé que lo voy a ver. Aunque no quiera. Aunque no pueda.
Trabajo aquí.
Para él.
Eso ya no tiene remedio.
Paso por recepción, saludo a Marta con una sonrisa que no siento y camino hacia mi escritorio. Dejo mi bolso, enciendo la computadora, reviso correos. Hago todo en automático, como si mi cuerpo supiera qué hacer aunque mi cabeza esté en otra parte.
Y entonces lo veo.
Andrew cruza el pasillo del fondo, rodeado de dos ejecutivos. Traje oscuro, carpeta bajo el brazo, el mismo paso seguro de siempre. Por un segundo, nuestros ojos se encuentran.
Solo un segundo.
No se detiene. Yo tampoco.
Pero ese instante me basta para sentir cómo me aprieta el pecho.
Sigo mirando la pantalla, aunque no estoy leyendo nada.
Así va a ser ahora, supongo.
Verlo a la distancia.
Fingir que no duele.
—Buenos días —dice una voz a mi lado.
Levanto la vista y ahí está Luca