Andrew
El restaurante es uno de esos lugares tranquilos que mi madre adora: mesas de madera clara, flores pequeñas en cada rincón y un ambiente que huele a comida casera aunque todo sea perfectamente calculado.
Estoy sentado frente a Hellen. A mi lado, mi madre; al otro, mi padre. Desde fuera, debemos parecer la familia perfecta a punto de formarse.
Desde dentro… yo solo pienso en Eva.
Hellen habla animada, como si nada hubiera pasado. Como si no hubiera habido gritos, lágrimas, ni esa mirada rota con la que me quedé grabado cuando la dejé en su apartamento. Ahora sonríe, me toca el brazo, apoya la cabeza en mi hombro de vez en cuando.
—Deberías probar esto —me dice—. Está increíble.
Asiento, aunque no tengo hambre.
Mi madre nos observa con una sonrisa orgullosa.
—Se ven tan bien juntos —dice—. No saben lo feliz que me hace verlos así.
Hellen aprieta mi mano.
—Estamos felices, señora Palvin —responde con dulzura—. ¿Verdad, Andrew?
La miro. Me cuesta sostenerle la mirada.
—Sí… claro.
M