Capítulo — Eva
El lunes llega sin pedir permiso.
Abro los ojos antes de que suene la alarma y por un segundo no sé dónde estoy. Luego recuerdo: mi cuarto, las paredes descascaradas, el ruido lejano de los carros, y ese vacío raro en el pecho que ya empieza a ser parte de mí.
No lloré al final.
Anoche me quedé mirando el techo hasta que el cansancio me ganó.
Hoy no tengo derecho a detenerme.
Me levanto, me lavo la cara con agua fría y me observo en el espejo. Los ojos siguen hinchados, pero ya no hay lágrimas. Solo determinación… o algo que se le parece.
—Vamos —me digo—. Un paso a la vez.
En la cocina encuentro a Rubi sentada con una libreta abierta y una taza de café.
—Buenos días, estrella —dice, exagerando el tono.
—Buenos días —respondo, sentándome frente a ella.
Me mira con atención, como buscando señales de que me voy a romper.
—¿Cómo estás? —pregunta, más seria.
Lo pienso un segundo.
—Sigo triste. Pero… quiero hacer algo con eso.
Ella asiente.
—Eso ya es mucho.
Me pasa la libre