La oficina queda en silencio después de que Hellen se va.
No es un silencio tranquilo. Es uno de esos que zumban en los oídos, como si todavía quedaran restos de los gritos flotando en el aire. Nadie se mueve durante unos segundos. Lucas está a mi lado, con los brazos tensos, como si aún esperara que Hellen regresara para seguir peleando. Andrew permanece de pie frente a su escritorio, con la mirada fija en la puerta cerrada.
Yo soy la primera en respirar hondo.
Siento la mejilla arderme, el cuerpo entero cansado, y una presión rara en el pecho que no sé si es miedo, alivio o algo peor.
—Voy a... —empiezo a decir, pero no termino la frase.
No sé a dónde iba a ir.
Lucas me mira.
—¿Estás bien? —pregunta en voz baja.
Asiento, aunque no estoy segura de que sea verdad.
Andrew se gira hacia nosotros.
—Lucas, gracias —dice—. Puedes volver a tu área.
Lucas duda un segundo. Me mira como preguntándome si quiero que se quede.
—Estoy bien —le digo—. En serio.
Él asiente, pero antes de irse se ace