EVA
Salgo de la oficina de Andrew con una certeza que no tenía antes.
No es calma. Tampoco es felicidad. Es algo más firme: la convicción de que puedo ganar esto. De que no estoy solo reaccionando a lo que él hace o deja de hacer, sino que por primera vez estoy moviendo las cosas a mi favor.
El beso que le di antes de irme no fue un impulso. Fue un mensaje.
Y sé que lo entendió.
Camino por el pasillo con la espalda recta, tratando de que nadie note el temblor leve en mis manos. No porque tenga