Andrew
La montaña de papeles se apila frente a mí como si quisiera tragarse el escritorio completo: guiones, contratos, presupuestos, informes... un millón de dólares por minuto esperando mi aprobación.
Podría estar perdiendo varios millones por no trabajar.
Y aun así, no puedo concentrarme.
Mi mirada vuelve, una y otra vez, al teléfono.
A ese nombre.
Eva.
Una mujer que durante años fue un fantasma en mis pasillos, invisible, silenciosa... y de repente me atacó con