El segundo día siempre es más peligroso.
El primero te permite pasar desapercibida. Te observan sin expectativas. Si fallas, es comprensible. Si aciertas, es suerte.
El segundo día confirma si perteneces.
Llego al set con el guion doblado bajo el brazo, aunque ya no lo necesito. No es por las líneas. Es por costumbre. El café sigue siendo malo. El aire huele a cables calientes, a maquillaje viejo y a prisa acumulada.
Aquí no soy invisible.
Un par de técnicos me saludan con la cabeza. El asisten