Rubi está en la cocina cuando llego.
No me pregunta cómo me fue, porque eso lo hace cuando sabe que no es importante. Hoy me mira de arriba abajo apenas cruzo la puerta, como si estuviera revisando si traigo algo raro en la cara, si vengo sonriendo, si vengo alterada.
—Llegaste tarde —dice.
—Se alargó.
Dejo el bolso en la silla, me quito los zapatos y camino directo al fregadero. Abro el grifo y me enjuago las manos aunque no estén sucias. Lo hago por costumbre. Por tener algo que hacer mientra