Rubi está en la cocina cuando llego.
No me pregunta cómo me fue, porque eso lo hace cuando sabe que no es importante. Hoy me mira de arriba abajo apenas cruzo la puerta, como si estuviera revisando si traigo algo raro en la cara, si vengo sonriendo, si vengo alterada.
—Llegaste tarde —dice.
—Se alargó.
Dejo el bolso en la silla, me quito los zapatos y camino directo al fregadero. Abro el grifo y me enjuago las manos aunque no estén sucias. Lo hago por costumbre. Por tener algo que hacer mientras mi cabeza termina de acomodar el día.
Rubi apoya los codos en la mesa.
—Ajá. ¿Y?
—¿Y qué?
—No te hagas —dice—. Ese "se alargó" no es el mismo de siempre. Cuando dices "se alargó" así, es porque pasó algo.
—No pasó nada.
—Eva...
La miro. No con paciencia. Con cansancio.
—Pasó algo, pero no es lo que tú crees.
Rubi se recuesta en la silla, sin despegarme los ojos.
—Entonces dime lo que pasó para que yo no tenga que inventármelo.
Me sirvo agua. Me tomo la mitad de un trago.
—Hellen me vio habland