GIULIA
No había podido dormir casi nada en toda la noche. Las horas en la habitación del hospital eran interminables, cada minuto una eternidad. Me dolían los ojos de tanto forzarme a mantenerlos abiertos, pero no era solo por el cansancio… lo que me carcomía era lo que había pasado con Dante en el auto.
Lo recordaba y sentía un nudo en el estómago. Las palabras todavía resonaban en mi cabeza: él gritándome que me odiaba, yo gritándole lo mismo. Y sin embargo, en medio de esa guerra absurda, n