Giulia
El estruendo de los disparos no cesaba. Cada detonación retumbaba dentro de mis oídos como si la guerra se hubiese desatado a pocos metros de donde estaba. El aire se llenaba de pólvora y de humo, un olor acre que me quemaba la garganta. Apreté los puños contra las sogas que todavía me retenían y miré a Riccardo, desesperada.
—¿Qué está pasando? —pregunté con la voz temblorosa, tratando de mantener la calma.
Él, en cambio, sonrió con esa expresión cruda y ambigua Riccardo sabía lo que p