GIULIA
El comedor estaba sumido en un silencio incómodo, tan denso que podía cortar con un cuchillo. Servía la cena con movimientos mecánicos, como si mi cuerpo supiera lo que hacía mientras mi mente vagaba en otro lugar.
Colocaba los platos frente a Claudia, Marcella y Riccardo, intentando no cruzar miradas, ante la ausencia de Dante todo era silencio. Pero no olvidaba mis obligaciones, pero no iba a compartir mesa con esas pirañas.
De pronto el sonido seco de un teléfono rompió la quietud.